ALL ABOUT WENDY

Me llamo Verónica y soy periodista. Sobrevivo en un trabajo cualquiera, soñando mi vida y esperando mi sueño. Me gusta la Moda y no porque esté de moda. Tampoco estudié Comunicación porque quedara bien decir que estudiaba Periodismo. Lo mío fue por una temprana vocación que cayó fulminada durante el primer semestre de facultad. La Moda me resulta más atrayente que las calamidades de este mundo. Sí, superficial y efímera, que más da, la política también lo es y nadie se atreve a decirlo.

domingo, abril 12, 2009

Reivindicaciones y astenia primaveral


No sé si es la astenia primaveral o qué pero hoy me he levantado reivindicativa: ¡fuera las bicis de Barcelona! Antes que se me tiren los ecologistas encima y que algún activista de Greenpeace me tire un vaso de pintura encima, me explicaré: el Bicing de las narices ha hecho mucho daño a nuestra ciudad. Y hablo desde el conocimiento y no desde el resentimiento que supone haber sido timada por ellos (que por culpa de que no fueran bien los anclajes me soplaron 60€ de la cuenta...).

Mi reivindicación nace más bien del miedo, ¡qué digo miedo, pavor!, a morir atropellada por unos conductores noveles que hicieron caso a la frase de que andar en bici no se olvida nunca y salieron a hacer daño a las calles. Y es que no seré el único peatón que ha visto peligrar su integridad física por esa madre de familia que, queriendo optar al papel de Madre del Año, se monta en una bici sin controlar el parkinson nervioso que hace que el manillar nunca esté en la posición que debe. No contenta con eso y desconocedora de sus limitaciones físicas, cree que la acera se le ha quedado pequeña y da el gran salto a la jungla que supone el asfalto. Una combinación letal: bici con el freno enclenque, cambio de marchas jodido, condiciones físicas más que cuestionables y el tráfico de Barcelona. Por más vueltas que le doy, no entiendo qué les lleva a pensar que son Miguel Indurain para desafiar con tanta chulería a ese monstruo que supone un autobús articulado que casi les engulle cuando se dispone a girar.


Por lo demás, hoy es un domingo cualquiera, aunque se trata de Domingo de Resurrección, para aquellos que festejan la Semana Santa y deciden pasar sus vacaciones bajo el cobijo de un paraguas viendo 12h de procesión (opción de lo más respetable, no me mal interpreten).

Entre estornudos y estornudos, y para darle el sentido a mi vida que la primavera le ha quitado, he decidido levantarme temprano, bajar a la panadería a por un hipercalórico desayuno y ¡hasta he comprado el periódico! Creo que no tenía un tiznado ejemplar de esos desde que acabé la facultad. Pero semejante plan de domingo tempranero no me ha hecho olvidar que en el cielo a miles de partículas nocivas para mi salud que se han alzado en armas para abatir a mi cuerpo en la más profunda de las astenias primaverales. Tengan a buen recaudo sus reservas de kleenex, corren tiempos difíciles de escaseo y estraperlo debido a millones de narices mocosas a la caza del pañuelo de papel.

viernes, marzo 06, 2009

Por fin es viernes


Como diría una compi de trabajo por fin es SAN VIERNES y esta vez el fin de semana viene cargado de experiencias prometedoras: un viajecito a la ciudad califal, Córdoba, con la intención de reencontrarme con viejos y grandes amigos de una época pasada de la cual no me queda otra cosa que entrañable eñoranza y un puñado de amigos de los que son para toda la vida. Total, que la cosa promete y más teniendo en cuenta que la vuelta la tengo para el lunes a las 6 de la mañana: ¡que Dios nos pille confesados! El próximo inicio de semana será de los peores que se recuerdan...


¡La crónica de la jugada la semana que viene!

lunes, febrero 23, 2009

Sushi, reggaeton y otras tonterías

Tras mi primera clase de zumba en el Dir puedo decir que lo mío no son los ritmos caribeños. Esa sensualidad que raya la vulgaridad del reggaeton traslada a mi cuerpo es de risa y más teniendo en cuenta que la clase empieza a las 8'15h de la madrugada (como diría una amiga mía canaria). Total, que me he reído un rato, a estas alturas de la función si no aprendes a reírte de ti misma mientras suena "Pa' mi mulata, pa' mi morena..." estás acabada.

Total que sin darme cuenta ha pasado una semana más y ya hemos dejado atrás un mes de febrero que, a pesar de tener menos días que los demás, se ha hecho más largo que un día sin pan. Pero marzo llega caprichoso y dispuesto a joderme el domingo con una lluvia fina que me va a hacer renunciar a mi visita dominical al parque con mi perro. Así que con mis croissants recién hechos y mi café todavía caliente en la taza, doy inicio a un domingo de los de manta y sofá, esos que te permiten soñar con la todavía lejana Semana Santa.

Esta semana la hemos bautizado, mi amiga Anna y yo, como la semana SIN PALABRAS. Me explico: mi flamante amiga con sus 26 años recién estrenados me invitó a una clase magistral de cocina japonesa en el que se suponía que íbamos a aprender a hacer sushi mejor que en el Kibuca. Total que acabamos sentadas en una clase de 5 metros cuadrados donde 40 personas intentaban respirar al mismo tiempo con temor a morir en el intento. 3 marujas salidas del canal cocina más rancio nos quisieron hacer creer que sabían cocinar sushi a la vez que eran incapaces de explicarnos los nombres de cada una de las variedades.
Dos horas y media después durante las cuales no pudimos dar crédito a lo que estábamos viendo, llegó el único momento por el que creía que la experiencia iba a valer la pena: la cata de sushi. Cuando conseguí llegar a la mesa, quedaban 3 rollitos con el alga revenida... Los de la primera fila ya se habían puesto finos de sushi y me tuve que conformar con las sobras. Total que si los hubiera hecho yo en casa, sin tener ni pajolera idea, me hubieran quedado mejor y por lo menos hubiera comido algo. Así que si queréis aprender a hacer sushi, no os dejéis engatusar por ningún taller de chefs con acento español, ahí como mucho podréis aprender a hacer paella.






domingo, febrero 22, 2009

Un domingo cualquiera

El sol, la brisa marina, el olor a mar, la ciudad en calma. Empiezo a valorar los domingos ahora que el invierno empieza a darnos tregua. Hoy Barcelona se ha despertado añorando esas largas primaveras, de temperaturas templadas y mañanas soleadas. El oleaje besando con sumo cuidado la orilla y el sol sonrojando las mejillas aún heladas por el frío de febrero.


Mi vida de opositora se encuentra en stand by y, ante la incertidumbre de saber si este año van a salir plazas o no, he decidido centrarme en el gimnasio, razón por la cual me levanto cada día a las 7h pese a que mi jornada laboral empieza su curso a las 10h de la mañana, como la de los marqueses.


Mi nuevo pasatiempos dedicado al culto al cuerpo me ha llevado a sudar a mares en las clases de spinning donde, además del reto de sobrevivir a los 45 min. de montaña combinada, tengo que aguantar las insolencias de un profesor que se cree el rey del fitness. De momento, le he dejado ventaja, pero, la próxima vez que me diga algo sobre mi flexibilidad o sobre la posición de mi asiento, le suelto una fresca made in Vero que lo dejo hincado de culo. Ya os iré contando cómo va el combate: wendy vs. el rey del fitness. De momento sólo he perdido el primer asalto pero me guardo un as en la manga.

martes, febrero 17, 2009

Nunca comas solo en un sitio cool

Hoy, si digo que ha sido un mal día, creedme, porque lo ha sido. Buena prueba de ello es que he acabado comiendo sola, en un restaurante asiático de lo más cool que me he encontrado por casualidad en la calle Muntaner: Out of China.

Tras llevar a cabo el segundo intento de entrevista de lo que prometía ser el trabajo de mi vida y sufrir, como no, un segundo plantón, la poca dignidad que me queda ha dicho: ¡hasta aquí hemos llegado! Y con el tupper-ware de ayer todavía sucio en el bolso, he decidido darme un homenaje.

Total, que me voy por las nubes, que he comido en un chino super fashion, de los de menú a 10'50 eur, y decoración minimalista que me ha encantado. El lado negativo: comer sola. Nunca en la vida me había sentido tan patética... Algo tan neoyorquino como comer solo en un restaurante, se ha convertido en una abalancha de miradas indiscretas y de gestos de reprobación. ¿Qué habrá hecho ésta para comer sola? grrr, lo odio... Creo que he engullido el wok de soja y el pollo relleno de salsa de soja en cero coma, he pagado con mis tickets restaurant y he salido corriendo como alma que lleva al diablo.

¿La guinda? Perder un billete de 10 euros por la calle, sí lo sé, no es mucho, pero cuando se vive con los restos del Inem, 10 eur suponen poder comer o no yogures esta semana. Pues nada, que la menda, que es muy lista, se ha puesto el billete en el bolsillo y se ha ido al super. ¿Cuál ha sido mi sorpresa a la hora de pagar cuando no había ni rastro de éste en el maldito bolsillo? Que bochornoso... He tenido que llamar a mi padre para que bajara de casa, en zapatillas y todo el buen hombre, a pagarme la cuenta. En fin, un día para olvidar Y lo peor de todo, todavía es martes.

domingo, febrero 15, 2009

De mayor quiero ser crítica social

Tras luchar con la tentación de comerme un phoskito (basta con leer la tabla de aporte nutricional para desistir: 393 kcal,), me he bebido mi vasito de leche desnatada mojando a fondo mis galletas de soja siluete. Una ducha y como nueva, en condiciones para poneros al día sobre mis andanzas de opositora que se resumen en: esta semana he vuelto al gimnasio y mañana me atreveré con el spinning.

Cambiando de tercio, recientemente un amigo se ha mudado a la gran manzana madrileña, donde ejerce de maestro de ceremonías de cualquier cotarro con famoseo que se precie. Desde el Madrid más rancio y underground nos hace llegar sus crónicas más mordaces a través de su blog, el cual os invito a visitar: Madriz a New Life. De él es de quien, preciamente, he aprendido que de mayor quiero se crítica social, hablar de todo, sin tapujos y poniendo de vuelta y media a cualquiera que se ponga por delante. Dicho lo cual, critiquemos.

Parece ser que es imposible llegar a los 60 sin tener como hobby el colarse en cuantas más colas mejor. Sí, se trata del truco de la vieja, la que se arrima a ti en la cola del super haciéndose la despistada e intenta arrebatarte tu posición a base de pequeños empujones con el bolso. A la que bajas la guardia, ¡zas!, con un traspiés certero, se plantan delante tuyo y antes de que puedas reaccionar ponen su cosas en la cinta de la caja. Pues algo así me ha sucedido este mediodía en la cola de los pollos a l'ast. Sí, lo sé, lamentable hasta para el dominguero más asiduo, pero tras 2h de parque con Lancelot, era imposible ponerse a cocinar. El caso es que la buena mujer hasta que no se ha colado, no ha parado. Y cualquiera le dice algo, que te plantan un bolsazo en los morros y te dejan K.O.

Y de estudiar, poca cosa, hoy es domingo y vuelvo a tener el síndrome del currante. Sofá, mantita y la calefacción a tope, vuelve a hacer frío, parece que este invierno no tenga fin. He abandonado mi dieta, me apetece comer chocolate... Pero mañana es lunes, día de recuperar viejos propósitos y volver a la felicidad efímera de las dietas hipocalóricas.

domingo, febrero 08, 2009

¿Quién dijo que fuera fácil?


Tarde de domingo. Las odio... Será porque me recuerdan la cercanía de un lunes que, como cada semana, llega puntual para dar comienzo a la vorágine constante en la que se ha convertido mi vida. Semana nueva, empleo nuevo, fuerzas renovadas y las mismas ganas de siempre. Una antesala de la felicidad que sólo se ve empañada por el Inem, que todavía no ha abonado en mi cuenta mi sueldo de Enero, que tan bien me he ganado a base retenciones astronómicas en los últimos 4 años.

Hace frío. Una ducha reconfortante y un café que aún humea entre mis manos es lo único que me permite seguir avanzando entre un temario espeso y lleno de ese lenguaje tan burocrático que provoca náuseas sólo con leerlo y que tantos sueldos de juristas y hombres de leyes justifican.


Atrás, un fin de semana repleto de nuevas colecciones, bien plegaditas en las estanterías de las tiendas, a las que prefiero no acercarme porque no tengo ni un duro. ¿Quién habló de crisis? Ayer las tiendas estaban llenas... El ser humano es capaz de perderse en la simplicidad más absoluta y yo, la primera, que abandero el equipo de los perdidos, ¿o era el de los perdedores?

Época ésta también de gangas: mis últimos 10 euros invertidos en una chaqueta de entretiempo de Bershka, el último vestigio de unas rebajas que desean alargar inútilmente en el último rincón de cada tienda, donde duermen las bolas de polvo y las tallas 32.

Subo la calefacción (¿Cómo he podido vivir todos estos años sin?). Sigue haciendo frío y mañana es lunes.