Tras mi primera clase de zumba en el Dir puedo decir que lo mío no son los ritmos caribeños. Esa sensualidad que raya la vulgaridad del reggaeton traslada a mi cuerpo es de risa y más teniendo en cuenta que la clase empieza a las 8'15h de la madrugada (como diría una amiga mía canaria). Total, que me he reído un rato, a estas alturas de la función si no aprendes a reírte de ti misma mientras suena "Pa' mi mulata, pa' mi morena..." estás acabada.Total que sin darme cuenta ha pasado una semana más y ya hemos dejado atrás un mes de febrero que, a pesar de tener menos días que los demás, se ha hecho más largo que un día sin pan. Pero marzo llega caprichoso y dispuesto a joderme el domingo con una lluvia fina que me va a hacer renunciar a mi visita dominical al parque con mi perro. Así que con mis croissants recién hechos y mi café todavía caliente en la taza, doy inicio a un domingo de los de manta y sofá, esos que te permiten soñar con la todavía lejana Semana Santa.
Esta semana la hemos bautizado, mi amiga Anna y yo, como la semana SIN PALABRAS. Me explico: mi flamante amiga con sus 26 años recién estrenados me invitó a una clase magistral de cocina japonesa en el que se suponía que íbamos a aprender a hacer sushi mejor que en el Kibuca. Total que acabamos sentadas en una clase de 5 metros cuadrados donde 40 personas intentaban respirar al mismo tiempo con temor a morir en el intento. 3 marujas salidas del canal cocina más rancio nos quisieron hacer creer que sabían cocinar sushi a la vez que eran incapaces de explicarnos los nombres de cada una de las variedades.
Dos horas y media después durante las cuales no pudimos dar crédito a lo que estábamos viendo, llegó el único momento por el que creía que la experiencia iba a valer la pena: la cata de sushi. Cuando conseguí llegar a la mesa, quedaban 3 rollitos con el alga revenida... Los de la primera fila ya se habían puesto finos de sushi y me tuve que conformar con las sobras. Total que si los hubiera hecho yo en casa, sin tener ni pajolera idea, me hubieran quedado mejor y por lo menos hubiera comido algo. Así que si queréis aprender a hacer sushi, no os dejéis engatusar por ningún taller de chefs con acento español, ahí como mucho podréis aprender a hacer paella.
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