ALL ABOUT WENDY

Me llamo Verónica y soy periodista. Sobrevivo en un trabajo cualquiera, soñando mi vida y esperando mi sueño. Me gusta la Moda y no porque esté de moda. Tampoco estudié Comunicación porque quedara bien decir que estudiaba Periodismo. Lo mío fue por una temprana vocación que cayó fulminada durante el primer semestre de facultad. La Moda me resulta más atrayente que las calamidades de este mundo. Sí, superficial y efímera, que más da, la política también lo es y nadie se atreve a decirlo.

lunes, febrero 23, 2009

Sushi, reggaeton y otras tonterías

Tras mi primera clase de zumba en el Dir puedo decir que lo mío no son los ritmos caribeños. Esa sensualidad que raya la vulgaridad del reggaeton traslada a mi cuerpo es de risa y más teniendo en cuenta que la clase empieza a las 8'15h de la madrugada (como diría una amiga mía canaria). Total, que me he reído un rato, a estas alturas de la función si no aprendes a reírte de ti misma mientras suena "Pa' mi mulata, pa' mi morena..." estás acabada.

Total que sin darme cuenta ha pasado una semana más y ya hemos dejado atrás un mes de febrero que, a pesar de tener menos días que los demás, se ha hecho más largo que un día sin pan. Pero marzo llega caprichoso y dispuesto a joderme el domingo con una lluvia fina que me va a hacer renunciar a mi visita dominical al parque con mi perro. Así que con mis croissants recién hechos y mi café todavía caliente en la taza, doy inicio a un domingo de los de manta y sofá, esos que te permiten soñar con la todavía lejana Semana Santa.

Esta semana la hemos bautizado, mi amiga Anna y yo, como la semana SIN PALABRAS. Me explico: mi flamante amiga con sus 26 años recién estrenados me invitó a una clase magistral de cocina japonesa en el que se suponía que íbamos a aprender a hacer sushi mejor que en el Kibuca. Total que acabamos sentadas en una clase de 5 metros cuadrados donde 40 personas intentaban respirar al mismo tiempo con temor a morir en el intento. 3 marujas salidas del canal cocina más rancio nos quisieron hacer creer que sabían cocinar sushi a la vez que eran incapaces de explicarnos los nombres de cada una de las variedades.
Dos horas y media después durante las cuales no pudimos dar crédito a lo que estábamos viendo, llegó el único momento por el que creía que la experiencia iba a valer la pena: la cata de sushi. Cuando conseguí llegar a la mesa, quedaban 3 rollitos con el alga revenida... Los de la primera fila ya se habían puesto finos de sushi y me tuve que conformar con las sobras. Total que si los hubiera hecho yo en casa, sin tener ni pajolera idea, me hubieran quedado mejor y por lo menos hubiera comido algo. Así que si queréis aprender a hacer sushi, no os dejéis engatusar por ningún taller de chefs con acento español, ahí como mucho podréis aprender a hacer paella.